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Premio “MIGUEL DELIBES”, 2009

     

 

Luis María Ansón, ganador de la XIV Edición del Premio Nacional de Periodismo "Miguel Delibes"

El periodista Luis María Ansón, de la Real Academia de la Lengua y actual presidente del diario electrónico El Imparcial, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo “Miguel Delibes” que, convocado por la Asociación de la Prensa de Valladolid y patrocinado por la Obra Social de Caja España, cumple este año su XIV edición.

El Jurado ha estado compuesto por José Jesús Arroyo Hernández, quien, al ser el titular de la APV, actúa como presidente del mismo, Antonio Álamo González, galardonado en la XIII edición, Carlos Fernández Aganzo, Director de El Norte de Castilla, José Manuel Parrilla Gómez, escritor, Emilio Oliva Ordóñez, periodista de la Agencia EFE, Santiago Alberto García del Campo, periodista y vocal de la APV,  Ramón Álvarez Vega, director de la Fundación Patrimonio de Castilla y León y por  Luis-Miguel de Dios Muñoz, periodista, actuando como secretaria y en representación de  la Asociación convocante  María Isabel Barrante Borrega, periodista vallisoletana.

A la XIV edición de los Premios Miguel Delibes se habían presentado un total de 18 candidaturas, todas las cuales cumplían los requisitos establecidos en las bases tercera, cuarta, quinta y sexta de la convocatoria.

El Jurado, tras deliberar sobre los trabajos presentados, ha decidido por unanimidad conceder el Premio Nacional de Periodismo “Miguel Delibes” en su XIV Edición a don Luis María Ansón,  por su artículo “El idioma del periodismo”, publicado en el semanario “El Cultural”,                            el 3 de julio de 2009, cuya candidatura había sido presentada por la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos “Alfonso Ortega Carmona”.

El Jurado destaca de este artículo la defensa del buen uso del castellano en los medios de comunicación, advirtiendo del peligro de que  “algunos martiricen la palabra, fracturen la sintaxis y asilvestren la expresión” en el lenguaje digital y en los mensajes telefónicos. Así mismo, el galardonado apela a la responsabilidad de los periodistas y de los medios de comunicación en la defensa del castellano.

Por otro lado, el Jurado ha hecho constar la alta calidad de los trabajos presentados en esta XIV convocatoria.

   

Artículo premiado
"El idioma del periodismo", de Luis María Ansón

Al fondo, las llamaradas de las explosiones. En los tímpanos, el estruendo de los disparos. En el entorno, la agitación de la guerra. El corresponsal de televisión improvisa su crónica en directo, cara al espectador. Habla al servicio de la información; también con el esfuerzo añadido de expresarse correctamente, incluso bellamente, en una situación límite entre el temor y el temblor de la batalla que se libra a su alrededor.

Final del campeonato de fútbol en España. Furor en el estruendo de las gradas. El cronista deportivo pegado al micrófono radiofónico vomita materialmente las palabras para adaptarse a la celeridad del juego. Le escuchan centenares de miles de personas y muñequea para que la corrección gramatical y sintáctica vertebre sus palabras. Un prodigio que no lo atropelle todo.

Son dos ejemplos de los cien que podría poner. No tienen razón algunos compañeros míos de la Academia. No es lo mismo escribir un artículo en la mesa del despacho, con sosiego, sin sobresaltos ni urgencias, el diccionario a mano para la consulta y la reflexión, que la exigencia de rapidez y las situaciones de peligro que, en muchas ocasiones, presiden el ejercicio profesional del periodista, encendido en el destello de la palabra urgente.

Está claro que los medios de comunicación, el periódico impreso, hablado o audiovisual, deben esforzarse por hacer más limpio y transparente el idioma. Su influencia sobre el ciudadano medio resulta decisiva. La gente habla condicionada por la radio y la televisión. La responsabilidad del profesional en este sentido es muy grande. En algunos casos los periodistas destrozan el idioma. Sus rebuznos enanizan la lengua de Rubén y San Juan, de Gabriela Mistral y Ana María Matute. Pero, en líneas generales, los profesionales del periodismo impreso o audiovisual, incluso en situaciones límite, están conscientes de su responsabilidad, se desembarazan de la general estolidez y contribuyen a que los ciudadanos hablen de forma más correcta. Antes que en el hogar o en la escuela, el idioma se aprende en la televisión. Los niños y adolescentes beben las palabras hipnotizados ante el televisor. Por la imaginación de Nebrija no pudo pasar lo que hoy es la realidad social cotidiana.

El español es el segundo idioma internacional del mundo, tras el inglés. El chino, aparte del enjambre dialectal que lo zarandea, apenas cruza las fronteras de aquel país gigantesco. En la primera potencia del mundo, los estudiantes matriculados en español superan a la suma de todas las demás lenguas: francés, alemán, italiano, portugués, ruso, japonés, chino… Estados Unidos se ha empinado ya como el segundo país hispanohablante del mundo, tras México. En la nación más poblada de Iberoamérica, Brasil, al margen de los escapularios ideológicos y las zahúrdas nacionalistas, el estudio del español es obligatorio oficialmente. En las más diversas naciones del mundo desde Suecia a Japón, desde Alemania a Corea, el castellano es, tras el inglés, la lengua extranjera elegida por los estudiantes. Más de 450 millones de personas hablan el idioma de Cervantes y Neruda, de Quevedo y Borges. Ah, y como lengua nativa, el español ha desbordado ya al inglés.

La responsabilidad de los medios resulta clave para limpiar, fijar y dar esplendor a nuestro idioma. Me complace subrayar que mis compañeros profesionales están haciendo una inmensa labor en ese sentido, aunque haya excepciones y algunos martiricen la palabra, fracturen la sintaxis y asilvestren la expresión. En todo caso, los latigazos que recibe el español no están residenciados, hoy por hoy, en los medios de comunicación tradicionales sino en el lenguaje digital y en los sms. Las academias, los institutos, las universidades, tendrán que atarse los machos y lidiar ese toro sobre el nuevo albero tecnológico. Los mensajes telefónicos, convertidos en taquigrafía epiléptica, han sustituido a la comunicación epistolar. No va a ser fácil salvar la corrección del idioma, tiznado por el atropello digital.

Publicado en El Cultural de 03/07/2009 en la sección Primera Palabra


Luis María Ansón

Luis María Anson Oliart (Madrid, 8 de febrero de 1935), periodista y escritor español. Dirige el suplemento El Cultural de El Mundo y es presidente del Consejo Editorial del Grupo Intereconomía. Está casado con Beatriz Balmaseda Arias-Dávila y tiene tres hijas: Leticia, Marta y Beatriz.

Estudió en el Colegio del Pilar. En 1954 ingresó en la Escuela Oficial de Periodismo, aunque ya había entrado el año anterior en el diario ABC y en el mismo año en que ingresó en la Escuela Oficial de Periodismo ya era colaborador habitual. Fue redactor, jefe de sección, jefe de redacción y subdirector del mismo, así como director del número dominical. En 1957 fue nombrado consejero de redacción de la revista Reino.

En 1960 obtuvo el premio "Luca de Tena" por un trabajo sobre la catástrofe de Agadir y en 1964, el premio "Mariano de Cavia". Ha sido miembro del Consejo Privado del conde de Barcelona (Juan de Borbón) y secretario de Información de su Secretariado Político, hasta la disolución de ambos organismos el 29 de julio de 1969. Profesor de la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. En enero de 1970 fue nombrado subdirector de la misma. En septiembre de 1971 fue nombrado subdirector de ABC para las páginas de huecograbado. Hasta entonces, ejercía como redactor jefe del suplemento semanal Los Domingos de ABC.

En 1974 obtuvo el Premio Víctor de la Serna de la Asociación de la Prensa de Madrid. En 1975 fue director de Blanco y Negro y en 1976 de Gaceta Ilustrada. En 1976 sucedió a Manuel Aznar Zubigaray en el Consejo de Dirección de La Vanguardia. Más tarde, el 28 de septiembre de 1976, fue designado Presidente de la Agencia EFE, cargo que ocupó hasta enero de 1983. En 1977 es uno de los primeros vencedores del Premio González-Ruano de periodismo.

El 13 de enero de 1983 el Consejo Administrativo de Prensa Española, empresa editora del diario ABC, le nombró director del periódico en sustitución de Guillermo Luca de Tena, que pasó a ser editor del mismo. En este puesto modernizó el por entonces anquilosado periódico. En septiembre de 1996 aceptó una oferta del grupo mexicano Televisa para encargarse de su proyecto de televisión digital; y el 28 de noviembre suscribió en nombre de esta compañía un acuerdo con Telefónica, TV3, Antena 3 TV, Canal 9, TVGa y Telemadrid para la difusión de los servicios de televisión digital en España. El 13 de junio de 1997 abandonó la dirección del periódico ABC después de catorce años para ser presidente de Televisa España, vicepresidente del grupo Internacional Televisa y miembro de su Consejo. Electo en 1996, a comienzos de 1998 ingresó como académico en la Real Academia de la Lengua Española, apadrinado por Fernando Lázaro Carreter, y en junio del mismo año decidió participar en la fundación de un nuevo diario nacional con el nombre de La Razón, proyecto que, en julio, se fusiona con otro similar promovido por el Grupo Z. En octubre asume el cargo de Presidente del Consejo de Dirección de La Razón y deja la Presidencia de Televisa España, aunque continúa como miembro del Consejo de Administración de Televisa. La Razón sale a la calle el 5 de noviembre de 1998, defendiendo en su línea editorial la monarquía y la unidad de España, con una orientación muy conservadora especialmente dirigida al ámbito de la cultura. En este periódico escribió la columna denominada "Canela fina" hasta que se despidió del mismo en 2005 para dirigir el suplemento El Cultural que se distribuye con el periódico El Mundo, en el que continúa escribiendo su columna.